A más de 70 años de su desaparición, el zorzal criollo aún se mantiene vivo en el recuerdo de sus admiradores, aunque ni siquiera hubiéramos nacido cuando se fue.
Los jóvenes (y me incluyo sin pudor) tenemos una visión muy diferente de lo que fue la vieja escuela, con todos sus próceres de cartón impolutos, que cada vez que abrieron la boca fue para decir una frase que quedaría plasmada en algún aburrido libro de historia plagado de fechas de batallas, de absolutos triunfos y ninguna derrota.
Si hasta para ventilar en vaho de algún involuntario escape de gas intestinal tenían frases como: “sal, el mundo es demasiado grande para nosotros dos”.
Los jóvenes pero no tanto, tenemos una historia argentina plagada de mentiras, de rivadavias mulatos que se retrataban blancos, de pervertidos sexuales que sentaron las bases de nuestra educación y llegó un momento en que nos dimos cuenta de que la historia de papá Noel y los reyes magos era un poroto al lado de los cuentos que nos vendían permanentemente en el colegio: “Argentina Potencia”, “Las Malvinas son argentinas” y un día iban todos a la plaza a insultar a Galtieri y al otro día a vivarlo por que en medio de su delirium tremens de alcohol le había declarado la guerra a Inglaterra, nada menos. Todavía existen algunos dinosaurios que intentan hacernos creer que Rivadavia era Blanco, San Martín era español, y Gardel era francés (y para mi sorpresa algunos jóvenes confundidos o ventajeros que los secundan).Ahora que no soy tan joven y no estoy tan indignado porque a lo largo de los años vi como iban cambiando las figuritas pero la historia seguía siendo la misma, hablo con más jóvenes que yo (me doy cuenta con espanto que cuando hablo de mis recuerdos hablo de por lo menos hace 30 años, si no más) veo que a los jóvenes de hoy, esos que acaban de dejar la adolescencia y todavía tienen pelo, les importa más bien poco lo que nos hicieron creer a nosotros, ellos solamente creen en lo que les dicta su impoluto sentido común. Y veo con satisfacción que aceptan la idea de que Gardel era uruguayo con la naturalidad de que el origen francés de Gardel es otro cuento chino, otro “todo por dos pesos” que no tiene nada de dos pesos, otra marca trucha fabricada por bolivianos en condiciones infrahumanas, otro cuento más en fin, de pretender ser lo que no se es.
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