Nuestros órganos de los sentidos, la piel, los ojos, las orejas, la nariz, etc., nos ponen en contacto con el mundo físico; aquél que desprecia utilizarlos, se limita enormemente en sus actividades. Y lo que es cierto en el plano físico, también lo es en el plano espiritual: aquél que no ha desarrollado los órganos destinados a ponerle en contacto con el mundo espiritual, no posee medio alguno para conocerlo y trabajar. Desgraciadamente, éste es el caso de la mayoría de los humanos: todavía no han desarrollado estos órganos y por esto, con la excusa de que no han visto ni oído nada del mundo espiritual, se creen autorizados para decir que no existe. Aparatos científicos han revelado desde hace tiempo que existen innumerables vibraciones sonoras y luminosas que escapan a nuestra percepción, y esto nadie se atreve a negarlo. Entonces, ¿por qué negar la realidad del mundo espiritual sin haber tratado de estudiarlo? El ser humano es limitado en sus percepciones, pero ¡lo es mucho más aún en sus razonamientos! Por tanto, es necesario que al menos se decida a superar sus limitaciones, porque negar la existencia de lo que no ve con sus ojos o no oye con sus oídos físicos, sólo puede retrasar su evolución.
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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