Las oraciones, el ayuno, las abluciones, etc., todas las prácticas prescritas en las religiones del mundo entero tienen por función preparar a los seres para que reciban correctamente las corrientes y los mensajes del Cielo. En realidad, lo más importante, no son las prácticas en sí, sino la voluntad de emprender un trabajo interior de renuncia, de purificación: mejorar los pensamientos, los sentimientos y los actos. Aquél que no está decidido a realizar este trabajo sería mejor que abandonara la espiritualidad, si no se convertirá en un peligro para sí mismo y para los demás. Hasta que no nos hayamos liberado de ciertos prejuicios, no hay nada más peligroso que las prácticas religiosas: crean la ilusión, en aquél que las practica, de ser un mensajero, un instrumento del Cielo. Es así como se ha visto a personas convertirse en verdugos de su familia o incluso de su pueblo. Sólo es capaz de escuchar y transmitir los mensajes del Cielo, aquél que ha trabajado en el desinterés y el amor hacia los demás.
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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