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La independencia de Iberoamérica

Contenido: Introducción. Causas. Antecedentes de la lucha revolucionaria. Fases de la independencia latinoamericana. Consecuencias de la independencia.

Introducción

Las guerras de independencia hispanoamericanas fueron una serie de conflictos armados que se desarrollaron en las posesiones españolas en América a principios del siglo XIX, en los cuales se enfrentaron los partidarios de establecer nuevas naciones independientes contra las autoridades virreinales del Rey de España Fernando VII y los partidarios de la Monarquía española. Las guerras de independencia tuvieron tanto el carácter de guerra civil como de guerra internacional (entre naciones).

El conflicto comenzó en 1808, con el establecimiento de juntas autodesignadas en México y Montevideo, y se sigue de la constitución de los nuevos estados independientes. Casi todos los países hispanoamericanos continentales de la actualidad (Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela), reconocen en este movimiento sus orígenes como naciones independientes. Sólo Panamá, y los países del Caribe de habla hispana (Cuba, Puerto Rico y República Dominicana) reconocen sus orígenes independientes en otros procesos históricos. España abandona toda idea de reconquista con la muerte del monarca Fernando VII en 1833.

El periodo estrictamente de lucha militar con tropas regulares abarca desde el 27 de octubre de 1810 (Combate de Cotagaita) hasta el 10 de septiembre de 1829 (Combate del Fortín de La Barra).

Entre sus líderes independentistas, algunos llamados libertadores, se encuentran la mayor parte de los “padres de la patria” de los países hispanoamericanos, como Francisco de Miranda, José María Morelos, Eugenio Espejo, Miguel Hidalgo, José de San Martín, Simón Bolívar, José Miguel Lanza, José Artigas, Juana Azurduy de Padilla, Francisco de Paula Santander, Antonio Nariño, José de Fábrega José Miguel Carrera, Bernardo O'Higgins, Antonio José de Sucre, Manuel Belgrano, Martín Güemes, Joaquín Olmedo, León de Febres-Cordero y Fulgencio Yegros entre otros. Otros caudillos fuera de este periodo como Tupac Amaru II que forman parte de identidades nacionales propias, no son parte de guerra contra la monarquía de Fernando VII de España.

Causas

La Ilustración sirvió de justificación ideológica para las guerras de independencia latinoamericanas, pero no fue exactamente la causa que la originó. Varias circunstancias inciden para provocar este acontecimiento:

-
El fuerte control de los Borbones en todos los aspectos de la vida de las colonias.
- El desarrollo de la burocracia como signo de centralización de las funciones administrativas de la colonia, lo que originó la pérdida de las libertades municipales.
- La exclusión de los criollos de los cargos públicos (con el fin de minimizar su poder).
- Un desarrollo económico fundamentado en la dependencia.
- Los altos impuestos.
- La falta de recursos para mantener el imperio (España no tenía una adecuada fuerza militar y tampoco producía lo suficiente para satisfacer las demandas y necesidades económicas de sus colonias.).

Estas situaciones desencadenaron gran tensión y malestar entre los distintos sectores de las colonias hispanoamericanas. Sin embargo, los indios, los negros y los mulatos fueron los más afectados, pues resultaron oprimidos, además, por la clase criolla dominante.

Antecedentes de la lucha revolucionaria

Ante la agobiante situación social, y desde mediados del siglo XVIII, se desarrollaron serias convulsiones internas que pusieron de manifiesto la lucha de clases y la decadente administración colonial. Algunos de los movimientos más significativos son los siguientes:

La rebelión de los comuneros del Paraguay, un movimiento de origen económico y político dirigido a combatir el poder de los jesuitas, quienes controlaban la Economía colonial, y regulaban el trabajo indígena. La protección de los jesuitas hacia los indios provocó choques con los terratenientes, quienes querían tener dominio sobre las tierras dominadas por los jesuitas, e interesaban tener acceso a la mano de obra guaraní. Por esta razón, los terratenientes se levantaron en rebelión contra el dominio de los jesuitas.

El lanzamiento de Clatayud, en Cochabamba, un alzamiento mestizo y urbano contra la tributación obligada a indios y mestizos. Aunque se estableció el pago de tributos a todos los sectores sociales, éste recaía más sobre los indios. En un intento de equiparar estos pagos, el gobierno español determinó que los indios y mestizos, debían pagar lo mismo. Esta acción del gobierno colonial puso de manifiesto las diferencias sociales entre indios y mestizos y, por esta razón, los mestizos urbanos se alzaron contra el tributo.

El levantamiento de los hermanos Catari, un levantamiento contra los abusos de los cobradores de tributo y el repartimiento.

La revuelta contra la Compañia Guipuzcoana de Caracas, un levantamiento de la aristocracia latifundista contra el monopolio ejercido por esta compañía, y el. Control absoluto sobre el precio de los productos, lo cual afectaba el desarrollo económico de los comerciantes criollos.

El alzamiento indio de José Gabriel Tupac Amaru, contra los abusos de la mita y del trabajo obligatorio. Este se proclamó emperador del Perú, y declaró abolidos los repartimientos y la mita. Los indios en la mita tenían pésimas condiciones de trabajo, pues ésta implicaba largas horas de trabajo con sólo una hora de descanso.

También, estaban mal alimentados, y la coincidencia de circunstancias provocó una. Alta incidencia de mortalidad. Además, produjo el despoblamiento de regiones indígenas, por la emigración de trabajadores que huían de la mita.
Todos estos alzamientos fracasaron por falta de organización técnica y de armamentos militares.

Fases de la independencia latinoamericana

El proceso de independencia puede dividirse en dos grandes fases. La primera transcurrió entre 1808 y 1814, y estuvo caracterizada por la actuación de las juntas constituidas en las ciudades sudamericanas más importantes. Durante la segunda (1814-1826), tuvo lugar la guerra generalizada entre los patriotas (independentistas) y los realistas (españoles).

Primera fase (1808-1814)

Veamos el desarrollo de esta etapa en cada uno de los territorios americanos.

Virreinato del Río de la Plata. El principal protagonista de la independencia en la Banda Oriental (Uruguay) de los territorios rioplatenses fue José Gervasio Artigas. En Buenos Aires, el 25 de mayo de 1810, se creó una Junta que envió a José Rondeau a la Banda Oriental y a Manuel Belgrano a Paraguay, para evitar la independencia propia de estos territorios. Un año más tarde, se proclamó la independencia de Paraguay, que se alejó de la emancipación del antiguo virreinato del Río de la Plata.

La victoria de José de San Martín en la batalla de San Lorenzo (3 de febrero de 1813) y las de Belgrano en Tucumán (septiembre de 1812) y Salta (febrero de 1813) consolidaron la independencia de lo que años más tarde sería Argentina.

Alto Perú y Ecuador. El Alto Perú, que pertenecía hasta entonces al virreinato de la Plata, protagonizó los primeros movimientos de carácter independentista. La primera Junta que rompió abiertamente con las autoridades españolas fue la de Chuquisaca (actual Sucre, en Bolivia), cuando el 25 de mayo de 1809 el triunvirato (junta compuesta por tres miembros) de Bernardo de Monteagudo, Jaime de Zudáñez, y Lemoine apresó al presidente de la audiencia, García Pizarro. El 11 de octubre de 1810, se proclamó la independencia de Ecuador, pero en 1812, el virrey del Perú, José Fernando Abascal y Sousa, volvió a controlar toda la región, incluido el Alto Perú.

Virreinato de Nueva Granada. La figura de Simón Bolívar protagonizó el proceso independentista de Venezuela. En Caracas, se constituyó una Junta el 19 de abril de 1810, que proclamó la independencia del país el 5 de julio de 1811 y declaró establecida una república federal.

Pero los enfrentamientos entre los dos principales dirigentes de la independencia, Bolívar y Francisco de Miranda, hicieron que en 1812 los realistas restablecieran el dominio español en Venezuela. Sin embargo, la Junta independentista de Santafé de Bogotá derrocó al virrey de Nueva Granada, Antonio Amar y Borbón, el 20 de julio de 1810. Así se establecieron las Provincias Unidas de Nueva Granada.

Chile. El 16 de julio de 1810, comenzó el proceso de la independencia chilena. En julio de 1811, José Miguel Carrera Verdugo se hizo con el poder, apoyado por Bernardo O´Higgins: se establecía la dictadura de Carrera y la independencia encubierta de Chile.

Virreinato de Nueva España. Aquí, los inicios de la independencia tuvieron un marcado carácter popular y revolucionario. Aunque la primera conspiración fracasó en 1809, el levantamiento del sacerdote Miguel Hidalgo en la ciudad mexicana de Dolores, el 16 de septiembre de 1810, se considera el verdadero inicio de la emancipación mexicana.

No obstante, en 1811 Hidalgo fue derrotado y ejecutado por los realistas. En el sur, los insurgentes estuvieron dirigidos por el también sacerdote José María Morelos. Proclamaron la independencia de México y, en octubre de 1814, redactaron la primera Constitución. Pero Morelos también fue ejecutado por las tropas españolas, en 1815.

Segunda fase (1814-1826)

La reacción española motivó que se abriera la definitiva fase bélica, que culminó con el nacimiento o consolidación de los estados sudamericanos.

La reacción española (1814-1816)


En Nueva Granada, los realistas retomaron la iniciativa a finales de 1814, y Bolívar tuvo que escapar de allí rumbo al Caribe. En Perú, los realistas controlaron la mayor parte del territorio gracias a las victorias de Joaquín de la Pezuela en Vilcapugio y Ayohuma (1813). En Chile, la falta de entendimiento entre Carrera y O´Higgins condujo a la victoria realista de Rancagua (1814).

En 1816, la causa independentista solo parecía victoriosa en el territorio que habría de conformar Argentina, donde el Congreso de Tucumán proclamó la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata el 9 de julio de ese mismo año.

Las grandes expediciones (1817-1822). A partir de 1817, la guerra se generalizó en todas las regiones de Sudamérica.

La victoria de José Antonio Páez en Las Queseras del Medio (abril de 1819) permitió a Bolívar cruzar los Andes, triunfar en la batalla de Boyacá (7 de agosto de 1819) y entrar en Santafé de Bogotá. En diciembre de ese año, se constituyó la República de la Gran Colombia, y Bolívar fue designado presidente. Tras su victoria en la batalla de Carabobo (24 de junio de 1821), Bolívar consolidó la independencia de Venezuela.

En mayo de 1822, Antonio José de Sucre venció en Pichincha. Bolívar entró en Quito en el mes de junio (liberada para los independentistas por Sucre) y se dirigió a Guayaquil. En el sur, el general San Martín creó en Mendoza el Ejército de los Andes, cruzó esta cordillera y derrotó a los españoles en la batalla de Chacabuco (12 de febrero de 1817), con la ayuda de Bernardo O´Higgins. La victoria patriota en la batalla de Maipú (5 de abril de 1818) aseguró la independencia de Chile.

Ayudado por la flota del almirante británico Thomas Alexander Cochrane, San Martín inició la campaña de Perú. Logró ocupar Lima, el 9 de julio de 1821, y proclamó la independencia del país el 28 de julio siguiente. Nombrado `protector´ de Perú, convocó un Congreso Constituyente en 1822 y se dirigió a Guayaquil para entrevistarse con Bolívar.

Las campañas finales (1822-1824). En la famosa entrevista de Guayaquil (26 de julio de 1822), Bolívar y San Martín acordaron que aquel se ocupara de los asuntos de Perú y que San Martín se retirara de la escena política.

Los realistas mandados por Jerónimo Valdés recuperaron Lima en junio de 1823, lo que hizo necesaria la intervención de Sucre y del propio Bolívar, que en febrero de 1824 asumió la dictadura. Las victorias de Sucre sobre el realista José Canterac en Junín (6 de agosto de 1824) y sobre Valdés y el virrey José de la Serna e Hinojosa en Ayacucho (9 de diciembre de 1824) resultaron decisivas.

La ocupación, en enero de 1826, del puerto peruano del Callao, último reducto del dominio español en el continente americano, puso fin a la guerra y aseguró definitivamente la independencia de la mayoría de las colonias hispanas en América.

La independencia de México. Después del fracaso de las rebeliones de Hidalgo y Morelos, fue Vicente Guerrero quien logró mantener la insurrección en el sur de México. En 1821, Agustín de Iturbide entró en contacto con Guerrero y, el 24 de febrero de ese año, lanzó un manifiesto conocido como el Plan de Iguala (o de las Tres Garantías), que establecía tres condiciones: la independencia de México, el mantenimiento del catolicismo y la igualdad de derechos para los españoles y los mexicanos. El 24 de agosto de ese mismo año, Iturbide y el virrey de Nueva España, Juan O´Donojú, firmaban el Tratado de Córdoba, por el que se declaraba la independencia de México.

La independencia de Centroamérica. En Centroamérica, se produjeron algunos intentos de rebelión a partir de 1811, pero todos ellos terminaron en fracaso, como los alzamientos del cura José Matías Delgado y Juan Argüello en El Salvador, o el intento de 1813 en Guatemala. En conjunto, el proceso de independencia en los territorios de la capitanía general de Guatemala fue menos violento que en otras regiones, y también, más tardío.

En 1822, Iturbide incorporó Centroamérica al Imperio Mexicano, en contra de los deseos de la mayoría de la población. En 1823, tras la abdicación de Iturbide (que se había coronado emperador con el nombre de Agustín I), se crearon las Provincias Unidas del Centro de América, un estado federal que perduró hasta 1842.

Consecuencias de la independencia

En julio de 1822 se celebraron entrevistas entre San Martín y Bolívar con el objetivo de establecer criterios comunes que permitieran la consolidación de los procesos emancipadores. Sin embargo, desde el primer momento se pusieron de manifiesto las profundas diferencias entre los modelos que cada uno defendía como el más adecuado para la nueva realidad americana.

Bolívar soñaba con la Gran Colombia, entidad que debería abarcar todo el espacio americano, gobernada por una Constitución única de carácter republicano aunque con un poder fuerte.

San Martín, menos ambiciosos, veía la necesidad de articular las antiguas provincias de ultramar en varias naciones independientes, y no rechazaba la forma monárquica al considerar que se correspondía mejor que una república democrática a las condiciones sociales y culturales de Hispanoamérica. Cada Estado podía estar regido por un príncipe de la rama borbónica, independiente uno de otro, pero vinculados todos por un pacto de familia.

Como ocurre con todo gran fenómeno histórico, la emancipación presenta aspectos positivos y aspectos negativos. Entre los primeros señalaremos uno de dimensiones universales. Concluido después de tres siglos el ciclo de transculturación, a través del cual España trasplantó al otro lado del Atlántico su fe religiosa, su lengua y su cultura, sus instituciones y una parte considerable de su potencial demográfico, llegan a la madurez e irrumpen en la historia nuevas naciones que hoy constituyen, en su conjunto, una de las grandes fuerzas universales del futuro: Iberoamérica.

En cuanto a los aspectos negativos señalemos tres, motivados por las circunstancias históricas concretas en que la emancipación  tuvo lugar. Primero, la forma violenta, cruenta, determinante de formidables e innecesarios sufrimientos colectivos en que fue llevada a cabo, al menos hasta 1820.

Segundo, la tendencia a la disgregación que va a prevalecer en el mundo hispanoamericano una vez lograda la independencia. Los antiguos virreinatos no sólo van a servir de asiento a otras tantas repúblicas independientes entre sí, sino que incluso del tronco de cada uno de aquellos van a desgajarse determinadas regiones periféricas, constituyendo otras tantas repúblicas soberanas.

Así ocurrirá con Uruguay, con Paraguay y con el Alto Perú, segregados, este último como Bolivia, del antiguo virreinato del Río de la Plata. Con Chile separado del Perú. Con el Virreinato de Nueva Granada fragmentado en tres repúblicas independientes desde 1831. Con la atomización de América Central. Esta fragmentación tendría consecuencias incalculables frente a la gran potencia norteamericana, que consolidará su cohesión tras la crisis de la guerra de Secesión.

Por último asistimos en las jóvenes repúblicas americanas, inmediatamente después de la emancipación, a una lucha por el poder bajo la forma de pronunciamientos militares, que dará origen al caudillismo y que conferirá uno de los rasgos más característicos de la historia contemporánea de Iberoamérica, una inestabilidad política y constitucional casi crónica. Inestabilidad interna y desunión frente al exterior, he aquí  la doble raíz de la debilidad que va a manifestar el mundo iberoamericano durante la Edad Contemporánea.

Fuentes: es.wikipedia.org / monografias.com / mailxmail.com / sabanet.unisabana.edu.co

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